Los usos que hemos dado a Internet desde su creación han pasado por diferentes fases. En un primer momento el foco se puso en el desarrollo de herramientas que nos permitieran comunicarnos. Esa comunicación se producía de una persona a otra, como en los chats o el correo electrónico, o de modo que lo que alguien publica pudiera verlo una comunidad, con foros similares a lo que hoy sigue siendo Reddit. Enseguida se empezaron a desarrollar repositorios de información alojando datos o documentos que unos pocos publicaban. La existencia de toda esa información en diferentes lugares llevó a la necesidad de desarrollar buscadores que permiten encontrar los contenidos que nos interesan en cada momento. La red se concebía sobre todo como una biblioteca universal, recopiladora de conocimiento, y de esa visión es heredera Wikipedia. En este momento inicial el único modo que se solía usar para asegurarse de que un menor no accediera a contenidos o comunicaciones inapropiadas consistía en el etiquetado de contenidos, foros y servicios como exclusivos para mayores de edad. En ocasiones se pedía que los usuarios manifestaran, al acceder, que eran adultos, en muchos casos ni siquiera eso.
En las siguientes fases de la evolución de Internet las empresas descubrieron la posibilidad de utilizar la red para vender directamente servicios y productos, y surgieron plataformas de comercio electrónico como Amazon o eBay. También se empezaron a desarrollar tecnologías y soluciones para monetizar el tráfico que reciben las plataformas, típicamente con esquemas de publicidad. Se pasó de un Internet en el que unas pocas personas generan contenidos a una red en la que todos los generamos. ¿Qué hemos hecho, mientras tanto, para asegurarnos de que Internet es un lugar seguro para los menores? En demasiados casos no hemos avanzado mucho respecto a la idea inicial de pedir al usuario que nos confirme, pulsando un botón, que es una persona adulta.
El caso es que ahora contamos con herramientas informáticas magníficas para dar los pasos necesarios hacia la reconversión de Internet en un entorno seguro: certificados digitales, lectores de huellas digitales, cámaras y reconocimiento facial, inteligencia artificial ¿no son suficientes para proteger a los menores en la actualidad? Según el último informe elaborado por UNICEF en España sobre el impacto de la tecnología en la adolescencia se detectan patrones de uso problemático de Internet en uno de cada tres adolescentes, más del 35% ha entrado en páginas de contenido erótico o pornográfico, uno de cada diez ha recibido una proposición sexual por Internet de un adulto y casi un 4% de los estudiantes de la ESO españoles reconocen haber jugado o apostado online.
Mejorar estas cifras está en manos de proveedores de contenidos y servicios, plataformas y redes sociales, pero también es crucial que involucremos a padres y educadores, y también a legisladores y a instituciones. En este contexto y desde el punto de vista normativo dos leyes fundamentales son el Reglamento General de Protección de Datos y el Reglamento de Servicios Digitales. En aplicación de ambos, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) da pautas sobre cómo abordar el asunto de la protección de los menores en Internet en términos de la imperiosa necesidad de crear espacios seguros para todos desde el diseño. Como decíamos Internet comenzó su andadura como un lugar en el que las personas publicaban contenidos sin prestar demasiada atención a quién y cómo iba a consultarlos, si acaso se marcaban contenidos como “inadecuados”, sin más. Hoy el enfoque es justo el contrario: reconstruir Internet de forma que, por defecto, por diseño, sin que ningún usuario deba hacer nada, sea un espacio seguro para todos independientemente de su edad, su sexo o el resto de sus circunstancias.
Que todo Internet sea un lugar seguro para todos significa que, excepcionalmente, si algún servicio o contenido no es apropiado para algunas personas… entonces se deban implementar métodos para asegurar que el acceso se produce cumpliendo lo que marque la Ley. Dichos métodos pueden implementarse con herramientas automatizadas como servicios de verificación de edad, que deben ser eficaces pero lo menos intrusivas posible. La propia AEPD ha propuesto un sistema de verificación de edad, desarrollado en colaboración con el Consejo General de Ingeniería en Informática, que fue premiado en noviembre pasado en la Asamblea Global de Privacidad. Las herramientas tecnológicas ya existen, pero ¿realmente interesa a las empresas, las redes sociales y las grandes plataformas invertir recursos en crear espacios seguros a base de restringir el modo en que algunos de sus usuarios las utilizan? Puesto que partimos de una situación en que apenas existen controles de este tipo, a corto plazo es posible que los directores comerciales ganen la batalla a los responsables éticos y de cumplimiento normativo. En ese sentido recientemente tanto la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia como la Agencia Española de Protección de Datos han impuesto sanciones de centenares de miles de euros a servicios que incumplían la obligación legal de implantar métodos de verificación de edad.
Sea por convicción o sea por evitar las sanciones de las autoridades, ojalá consigamos a largo plazo concienciar a todos para que la configuración de Internet como un espacio seguro sea no la excepción, sino la norma en todo tipo de servicios y plataformas.
José García Fanjul
Presidente Consejo Asesor Tecnológico
Fundación ITD

